"Lavaos y limpiaos; quitad la iniquidad de vuestras obras de delante de mis ojos; dejad de hacer lo malo; aprended a hacer el bien; buscad el juicio, restituid al agraviado, haced justicia al huérfano, amparad a la viuda."
— Isaías 1:16-17
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El capítulo 1 de Isaías comienza con el lamento de Dios por Israel. El pueblo ofrecía sacrificios y celebraba fiestas, pero Dios no se complacía en su adoración. Aparentaban piedad, pero sus vidas estaban llenas de injusticia. Lo que Dios deseaba no era el humo de los holocaustos, sino manos limpias y corazones rectos. El mandato de 'lavaos' no se refiere a una purificación meramente ceremonial, sino a un llamado a examinar toda la vida. Dios no solo pidió dejar de hacer el mal; dijo que aprendiéramos a hacer el bien. Nos mandó cuidar del huérfano y de la viuda. En este segundo día de Cuaresma, estas palabras plantean una pregunta profunda: ¿nuestra fe se queda dentro del templo o fluye hacia nuestra vida diaria?
🙏 Oración del Día
Padre celestial, hoy me examino ante las palabras de Isaías. Confieso los días en que te invocaba con mis labios mientras vivía lejos de Ti. Enséñame que dejar el mal y aprender el bien es la verdadera adoración. Concédeme una fe que no ignore al vulnerable a mi lado, y derrama valor para estar junto al huérfano y la viuda. En esta Cuaresma, que este sea un día en que viva Tu voluntad más allá de las puertas del templo. En el nombre de Jesús oro. Amén.
Comienza mañana con la Palabra