"Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, viole su padre, y fué movido a misericordia, y corrió, y echóse sobre su cuello, y besóle."
— Lucas 15:20
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Lucas 15:20 nos presenta el momento más emotivo de la parábola del hijo pródigo. Un joven que exigió su herencia prematuramente, la malgastó en una tierra lejana, y se encontró alimentándose de lo que comían los cerdos, finalmente toma una decisión: "Me levantaré e iré a mi padre".
Pero el verdadero protagonista de esta parábola no es el hijo, sino el padre. Que el padre lo viera "cuando aún estaba lejos" nos revela algo profundo: el padre había estado mirando el camino cada día, esperando y anhelando su regreso. Y cuando "corrió, y echóse sobre su cuello, y besóle", en la cultura de aquella época, tal comportamiento de un patriarca respetado significaba el abandono completo del honor.
Antes de que el hijo pudiera terminar su confesión preparada, el padre ordena a sus siervos: traed el mejor vestido, poned un anillo en su dedo, y matad el becerro gordo. Esta es la gracia de Dios. No examina nuestra dignidad, no impone condiciones, sino que se regocija simplemente porque hemos vuelto.
El arrepentimiento cuaresmal es volver a los brazos de este Padre. No tengas miedo. Él ya viene corriendo hacia ti.
🙏 Oración del Día
Padre Dios, he sido como el hijo pródigo. Daba por sentada Tu gracia y viví como quise, alejándome de Ti. Sin embargo, Tú me esperaste. Cuando estaba aún muy lejos, me viste, corriste a mi encuentro y me abrazaste con un amor que me hace llorar. Hoy regreso a Tus brazos. Gracias por aceptarme tan roto e indigno. Oro esto en el nombre de Jesús. Amén.
Comienza mañana con la Palabra